Son las cuatro y media de la madrugada, y no sé por qué no me voy a dormir. La verdad es que llevo meses -sí, unos cuatro meses- acostándome no antes de las 2.30. En fin, la cuestión es que me paso los días queriendo escribir para dejar constancia de este caudal de pensamientos que me inunda cada vez más. Pero por la mañana -más bien mediodía- empiezo con mis hábitos diarios: lectura inicial del día, estar con mi hermano -que crece, pronto será adolescente-, brunch con Los Simpsons y Notícias, correos (Hotmail, alumail), Tendencias21... Y ya si me meto en Foros del PP y/o abro el messenger, mi pretensión de escribir viene consumida por el vicioso posteo en Foros del PP y/o el no menos vicioso estar frente a la pantalla del messenger, haya con quien conversar o no, sean estas conversas interesantes y provechosas o no. Total, que cuando me entran las ganas de escribir la noche ya está bien entrada y me he de ir a dormir.

Pero hoy no me da la gana. Hace muchísimo tiempo que abrí este blog, más como una necesidad puntual e imperiosa de publicar un par de entradas motivada por la limitación de caracteres para publicar en mi fotolog -que al final también semi-abandoné, aunque lo reanimé a inicios de este mes-, y no con intención de llevar un blog asiduamente. Nunca he servido para eso. Dos veces en mi vida he tratado de escribir un diario, y en ambas ocasiones no he durado más de dos días. Lo mismo me ocurre cuando pretendo escribir en los viajes al final de cada jornada. Creo que me gusta ser tan detallista en los datos y extenso en la narración de los hechos, que me agoto enseguida. Total que hoy, a estas horas, me apetecía escribir. Y lo voy a hacer.

Llevo meses con tormentas y ventiscas en mi cabeza. No sé cómo he podido pasar airoso el curso. Estoy preocupado (que no ocupado) por muchos aspectos de mi existencia. Personales, familiares, profesionales de cara al futuro, pero también de identidad. En esta entrada sólo quería hablar de ésto último.

Todos conocen mi gusto por la Política. Política con mayúscula, que no cabe confundir con política o meramente politiqueo. La Política de las Ideas, tertuliana, la movida por las injusticias, combatiente con el conformismo y el seguidismo. No la política oportunista y electoralista encaminada exclusivamente a la supervivencia de unas siglas o del personaje político del momento.

Pues bien, como decía dos párrafos más arriba, llevo meses con tormentas y ventiscas en mi cabeza, también en lo referente a mi digamos identidad ideológica (esa sobre los principios de cada uno). En poco menos que un año he vuelto a abrazar mi espiritualidad perdida, he acariciado el humanismo socialista -que poco se diferencia con la democraciacristiana in strictu sensu-, he mantenido relación con José Antonio y Falange Auténtica -por favor, antes de alarmarte deja los prejuicios de un lado y entra en su web- y he intimado con el Partido Popular. Perdona, no me estoy haciendo de derecha. ¿Aún no has entendido nada? No me he distanciado de mis orígenes socialdemócratas, pro-laicidad -que no laicismo-, y mucho menos federalistas. Sencillamente he añadido otras cosas a mi carro mental. Y he hecho algunos retoques en mi decoración ideológica. Creo que para bien, porque me siento más libre que nunca. Libre como una paloma, urraca o cuervo. Sea como sea, libre. Y también más seguro de mí mismo.

¿Cambios?

  • Aborto: lo considero inmoral. Más aún, me parece un acto de cobardía por parte de la mujer que lo practica. ¿Por qué? Con lo fácil que sería darlo en adopción, no quieren. No quieren enfrentarse a un futuro en el que se cuestionen si hicieron bien dándolo en adopción, preguntándose dónde parará su hijo... Con el fin de ahorrarse esas preguntas, deciden quemar a su provocante. Se escudan llamándolo "derecho", alegando posesión de cuanto habita dentro de ellas -entéraos, nadie pretende quitároslo-. Entiendo que los movimientos feministas en origen defendieran el aborto. Por aquél entonces la sexualidad de la mujer se veía sometida al hombre, que eligía cuándo. A falta de medios anticonceptivos, la mujer se veía expuesta a parir 1, 2, 3, 5, 8 o más hijos. ¿Pero ahora? Ahora hombre y mujer disponen de medios anticonceptivos, y son iguales -o por lo menos vamos encaminados a ello- en la decisión de cuándo tener hijos. Muy tonta creo que ha de ser una mujer para quedarse embarazada sin quererlo a estas alturas. Hemos de ser ante todo responsables y consecuentes con nuestros actos. Lo mejor para que no se dé el dilema de si abortar o no es no dando lugar a ello. Dicho todo esto, resulta que es mi moral, lo que opino personalmente. Y no soy partidario de juridificar ni mi moral ni la de ninguna otra persona, grupo social o institución. Creo conveniente una Ley de plazos para garantizar la seguridad jurídica en estos casos y a quienes obran en ellos. Allá luego cada cual con su conciencia. Pero por favor, no vistamos el aborto como una libertad o derecho. Abortar no es deseable, y hay que combatirlo, pero desde la educación (tanto sexual como para superar esa cobardía y que se prefiera dar en adopción en vez de extinguir vida), no desde la prohibición.
  • Matrimonio civil: aquí no me he visto tan afectado por mis tormentas y ventiscas internas. Siempre he pensado que tal institución, en la esfera civil, es innecesaria. El matrimonio sólo tiene sentido si la posición del hombre está por encima de la mujer. La Biblia nos muestra una jerarquía en el matrimonio: Dios-hombre-mujer; en Derecho Romano -donde, por cierto, el matrimonio no era un acto jurídico sino una situación de hecho- la mujer, o quedaba bajo la patria potestas del marido (matrimonio cum manu), o seguía bajo la patria potestas de su padre o hermano (matrimonio sine manu). Vamos, que la mujer siempre estaba bajo la dirección legal de un hombre (en realidad el hombre siempre estaba fuera en la guerra, y eran las mujeres las que más manejaban el dinero, la administración del patrimonio familiar y en general la economía). Hoy en día, alcanzada la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, y encaminados hacia su igualdad real (haya más o menos leyes de paridad y de discriminación positiva), poco sentido tiene hoy hablar de matrimonio. La mayoría de civilistas coinciden en señalar que, eliminado el deber asociado de la procreación, esta institución jurídica ha quedado vacía de contenido. Considero que el fundamento de la familia ha de venir dado por el vínculo paterno-filial y/o materno-filial exclusivamente. El mero vínculo conyugal a mi parecer debiera ser ajeno al Derecho de Familia. La ordenación de los patrimonios de dos personas con una relación afectiva de pareja puede venir reglada por otras instituciones civiles como la copropiedad. ¿Para qué capitulaciones matrimoniales? ¿Por qué el régimen económico de una pareja no puede venir reglado expresamente por ellas mediante el uso de las mismas instituciones civiles de las que se pudieren valer dos amigos? El matrimonio civil sobra. El matrimonio religioso es cosa de la religión, y por supuesto lo respeto. Otra cosa es concederle efectos en la esfera civil, que es a lo que me estoy refiriendo todo el rato.
  • Eutanasia: pendiente de definir puntillosamente mi postura.
  • Identidad territorial: cuántos posts habré escrito sobre esto en Foros del PP. Sí, escribir en Foros del PP no sólo sirve para enriquecerte conociendo el por qué de las posturas de los demás, sino para estructurar tus propias posturas a medida que las redactas. Yo a los 13 años era un patriota casteñol (español castellanizante que ve el resto de lenguas españolas como secundarias y de uso mayormente folclórico), pero a los 16 entré de lleno en la órbita pancatalanista, que desarrolló mi plurinacionalismo cultural de lo español. Y a los 21 entablo amistad con un chico palmero (de La Palma, canario) que me hace entender la necesidad de distinguir dos dimensiones de política territorial: 1) Peninsula - insulae (islas); 2) Dentro de la peninsula, centro - periferia. No debiéndose confundir insularidad con mera periferia, pues son de naturalezas distintas. Con él he desarrollado, aunque yo ya tenía la simiente plantada, mi iberismo, lógica aplastante en el desarrollo de mi plurinacionalismo español. "Español" en origen engloba lo luso romano y lo portugués medieval, sin la menor duda. No me extenderé ahora en las disertaciones que me han llevado a considerar que la unión con Portugal es el antídoto para que la parte monolingüe de este país entienda que somos una Plurinación -o si se prefiere Nación de naciones-, y que entienda lo que ello comporta. Iberia (o Hispania, o España en sentido amplio, como guste al lector) como unidad de destino en lo universal. Así lo dijo José Antonio, y así lo exponía el Fuero de los Trabajadores en la dictadura. Vuelvo a pedir al lector que no se alarme, que se libere de los prejuicios que tan enjaulado le tienen, y que contemple tan bella definición. Unidad de naciones, o patria de patrias (para que Sánchez Dragó concuerde). Naciones culturales confederadas quizá. No he explicado ni entrado demasiado en profundidad en estas consideraciones, ni pienso hacerlo en esta sede ahora.

Es tardísimo. O también prontísimo, según se mire. Pensaba que hablaría de más cosas, pero como han visto, me enrollé demasiado al inicio, y también en el final. Como ven, me cuesta ser claro, ir al grano. Al escribir me siento como un bolígrafo que suelta poca tinta pero que de vez en cuando te deja una pedazo gota en mitad del papel. En fin, no sé cuándo volveré a escribir para acabar lo que me había propuesto en esta entrada. Y/o para crear otras nuevas. Quizá mañana (hoy), quizá la semana que viene, quizá de aquí a medio año, puede que nunca. Sencillamente, no sé.