Extractos:

[...] Por eso, una vez descubierto entre todo el tonelaje de libros que dicen cosas sobre él uno que firma Arnaud Imatz denominado José Antonio, Falange Española y el Nacionalsindicalismo hay que hacer tres cositas por orden: la primera, rendirse: ha tenido que ser un gabacho, bien que de pseudónimo vasco, el que escribiera el mejor tratado sobre José Antonio. Esto es lo que hay. La segunda, comentarlo. Admitirlo con alegría y decirlo por ahí. Que se sepa que estamos ante un libro exacto. Y la tercera citarlo, sin recato, con profusión, más textos para este texto. Como es menester, vayamos por delante. He aquí la definición en unas cuantas líneas del lugar político en el que podría habitar la palabra joseantoniana:

"Partiendo de una aproximación empírica y descriptiva, numerosos autores han intentado establecer definiciones que descansen sobre un denominador común. Según ellos, no hay un modelo de "fascismo" genérico, no obstante se puede extraer un concepto mínimo. Estos historiadores y politólogos apenas se ponen de acuerdo sobre la importancia, frecuencia y significados comparados de los numerosos aportes y compuestos ideológicos. No obstante, muchos consideran que los diferentes fascismos se distinguen sobre todo por una doble crítica; la del capitalismo y las instituciones liberales y la del comunismo y socialismo marxista. Los "fascismos" beben de las fuentes de los dos polos del espectro político. Nacen del encuentro de los dos radicalismos, el de derechas y el de izquierdas. Se encuentran en la encrucijada de las corrientes jacobina, cesarista democrática y nacionalista, de una parte, y de las tendencias sindicalistas revolucionarias y socialistas populistas de otra. Dicho esto, es preciso subrayar que la fórmula "ni de derechas ni de izquierdas", o mejor "de derechas y de izquierdas", no remata el tema. No define específicamente ni el "fascismo" genérico ni los fascismos históricos. Es válida para todas las ideologías de talante nacional que rechazan los conceptos del hombre en sociedad basados en el egoísmo individualista o el resentimiento colectivo y que buscan reducir y cerrar las fracturas sociales. Vale para el conjunto de movimientos "populistas", o de tercera posición, cuyas formas pueden ser racionales o idealistas, moderadas o extremistas, reformistas o revolucionarias, pero que, todas, buscan defender la solidaridad y la raigambre del pueblo contra la actuación de la oligarquía conservadora y de las minorías revolucionarias, vectores de la enfermedad del desarraigo. Para limitarse a algunos ejemplos, la fórmula "de derechas y de izquierdas" caracteriza los movimientos anteriores, simultáneos o posteriores a los "fascismos", y que no se confunden con ellos, como la democracia cesarista bonapartista, la agitación del nacionalismo social de finales del siglo XIX, la Action Française en sus inicios, el justicialismo de Juan y Evita Perón, el gaullismo francés de la posguerra, el nasserismo en Egipto, Solidarnosc en Polonia o los nuevos nacionalpopulismos de comienzos del siglo XXI. De hecho, los fascismos, sean hegelianos o racistas, son sólo un miembro más de la gran familia de la "Tercera Vía". Ahora bien, una pregunta no puede pasar sin formularse. ¿Es posible un fascismo "intelectual", "moderado", "civilizado", "poético", calificaciones generalmente utilizadas para describir el falangismo joseantoniano? ¿No se trata de una contradicción en los términos?" Lo clava, el francés. Y concluye: "En el caso de la Falange joseantoniana, la filiación está clara. Es heredera de la reflexión tradicionalista revolucionaria o revolucionaria conservadora, nacida en Europa a finales del siglo XIX. Es un pensamiento político que asume plenamente la modernidad, porque la juzga portadora a la vez del mayor bien y del mayor mal. Es una corriente de ideas que busca combinar, sobreponer, asociar, unir elementos dependientes de la tradición y elementos constitutivos de la modernidad. La Falange es una variante de las ideologías de "tercera vía" que, tras la segunda mitad del siglo XIX, buscan un punto de unión entre tradición y revolución.

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Y concluye Arnaud Imatz con la exposición literal de lo que era el pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera. Sin solapas de sastrerías propias. Así: "La Falange de José Antonio se muestra ante todo como un movimiento animado por una doctrina sintética que engloba todo lo que hay de positivo y rechaza todo lo que tienen de negativo tanto la izquierda como la derecha. El objetivo que persigue es una política de equilibrio entre fuerzas opuestas como capitalismo y comunismo, individualismo y colectivismo, particularismo y universalismo, clericalismo y anticlericalismo, centralismo y separatismo o incluso entre materalismo e idealismo. Es el respeto del ser humano dentro de la organización de la sociedad y la búsqueda de la solidaridad y la integración de las masas en la comunidad nacional como forma de síntesis armoniosa entre tradición y modernidad. Es la defensa de un socialismo organicista y de la idea de una aristocracia espiritual (no hereditaria) promotora y conductora del desarrollo histórico. Es el proyecto de elevar la condición moral y cultural del pueblo y la convicción de que la democracia no es solamente una forma sino un contenido al que la forma debe servir. Es, en resumen, la voluntad de implantar una profunda justicia social para que sobre esta base, el pueblo vuelva a la supremacía de lo espiritual. Para llevar a cabo este proyecto idealista José Antonio entiende que se debe proceder a la nacionalización de la banca y los servicios públicos esenciales, atribuir la plusvalía del trabajo a los sindicatos, emprender una profunda reforma agraria aplicando el principio "la tierra es para el que la trabaja" y, finalmente, crear una propiedad familiar, municipal y sindical."

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Es curioso analizar con calma el deslavazado En busca de José Antonio de Ian Gibson para contemplar el progresivo encantamiento del irlandés que concluye por firmar una obra contradictoria (de él dijo Juan Velarde que había que leer, no aparentar que se ha leído) pero marcada por la huella del personaje historiado, tanto que tiempo después admitiría Gibson que no volvería a escribir el mismo libro.

Más alto y más claro, lo decía en la radio Sánchez Dragó tras abandonar las filas comunistas: "La figura de José Antonio nos fue doblemente escamoteada: por el régimen de Franco que se apropió de un muerto que no le correspondía y por las izquierdas que de manera injusta identificaron a Franco y a José Antonio. Me parece un hombre que quería renovar el país desde la tradición y contra el plagio, me parece un d'orsiano, me parece un hombre al que ha llegado la hora de hacerle justicia y devolverle al lugar clave que debe ocupar en la política y en la vida intelectual española porque no era un fascista; era un hombre que aportaba a la sociedad soluciones propias, solucions originales, soluciones españolas".

Que luego Jordi Pujol admita con reiteración que José Antonio es uno de los pocos españoles del siglo que ha entendido a Cataluña y su problema, no es sorpresa. No termina de explicar Pujol que esa comprensión de la mística catalana, su defensa de la lengua y las costumbres, está encerrada en una crítica devastadora de los nacionalismos sin excepción. Y sin excepción significa incluir a la cabeza el nacionalismo español, execrable particularismo que termina por hacer buenas las palabras de Castelao: son más los separadores que los separatistas. Y peores, añadiría implícitamente José Antonio, que condena sin remilgos a todo aquel que en una mentirosa defensa de España insulte a Cataluña o al País Vasco.

No se sabe muy bien si por fastidiar a su jefe José María Aznar, que se había hecho azañista, o debido a un ataque de vehemente sinceridad, Alberto Ruiz Gallardón, presidente de Madrid, reivindicó a José Antonio en la cadena COPE, de radio, ante el desaparecido Antonio Herrero. Dijo Gallardón que ya era hora de reclamar la presencia de españoles apaciguadores, no suficientemente entendidos y con vigencia de espíritu como José Antonio, tanto como Azaña al menos.

Autor: José Antonio Martín Otín

Recomiendo, además de leer El hombre al que Kipling dijo sí, echarle un vistazo a este archivo.