Es una prueba de palurdismo, además de una insensatez, llamarse nacionalista en España. Pasaron unos siglos los eruditos de relumbrón afirmando que la institución del Justicia de Aragón era privativa de aquél país, nacida en la entraña misma baturra. Luego resultó, según testimonio del profesor arabista Ribera, que procedía de los árabes. Lo mismo ocurre con las instituciones catalanas oficiales, que son árabes, fenicias, romanas o hebreas sobre todo, pero no catalanas.
El mismo rey Jaime, a quien los catalanes elegíacos, incluso los republicanos, consideran jerarca modelo dando importancia definitiva a sus cronistas de cámara, era en realidad un sometido a los judíos, sus banqueros y consejeros. Un judío era su secretario porque Jaime no sabía firmar. Fueron los judíos, incluso, sus prestamistas para la guerra contra los árabes. Los judíos ricos favorecían la titulada Reconquista, prestando dinero a Jaime para tener hegemonía en los países conquistados y en la cámara real.
Sin dinero judío no hubiera habido Reconquista ni tal vez un judío de origen, Colón, hubiera emprendido la expedición a América patrocinado por otro judío -convertido éste, Santángel- tesorero de los reyes Isabel y Fernando. Los judíos pactaron muchas veces con Jaime de igual a igual y carecían de nación.
Todo el renacimiento filosófico y literario de Cataluña, de Castilla, de Andalucía, etc., tiene origen semita. Aristóteles llegó a España por sus traductores y comentadores hebreos y árabes cuando Cataluña, como el resto del país ibérico, vivía en una ignorancia completa de la civilización clásica. Averroes y Maimónides, semitas los dos y en el fondo racionalistas, nutrieron a los pensadores europeos. Hubo averroísmo en el Mediodía de Europa, especialmente en alguna Universidad italiana como la de Bolonia, hasta fines del siglo XVII y principios del XVIII. Según testimonio del historiador Mariana, hasta los sermones en las iglesias se hacían en árabe en España, y en árabe se redactaban los instrumentos públicos, escrituras y contratos incluso después de la época esplendorosa de Córdoba, capital del Califato. El origen de la caballería andante, de la medicina no empírica y de la poesía amatoria es también árabe; y es hebrea, como ha demostrado el profesor Amador de los Ríos, la iniciación de los estudios geográficos experimentales.
Francisco Fernández y González, en su magnífico Plan de una Biblioteca de Autores árabes españoles, Madrid, 1863, página 27, afirma que el gran filósofo Raimundo Lulio se formó "en relación con las obras de los maestros de la filosofía oriental", refiriéndose a los árabes. Cuando nació Lulio (1235) había muerto el gran Averroes 37 años antes.
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En cuanto a la sabiduría oriental, puede leerse en una obra del polígrafo catalán A. Rubió Lluch: "La destrucción de las aljamas andaluzas por los almohades -invasores trogloditas- produjo una doble reacción israelita en Castilla y en Cataluña y dos hogares de saber oriental en Toledo y en Barcelona. Si en comparación Toledo, la escuela judía de Barcelona no fue sino un modesto centro de actividad científica, se adelantó en la iniciativa y fue el primer laboratorio de versiones arábigas al latín. Acudieron a Barcelona, a Lérida y a Tortosa, como a Toledo, algunos extranjeros, entre ellos Platón de Tívoli y Simón de Génova, atraídos por la fama de los sabios rabinos. Se debió principalmente al barcelonés judío Abraham Xija (1065-1136) y después a Arnaldo de Vilanova (1240-1311) el conocimiento de la civilización antigua; y nótese que las traducciones árabes y hebreas de las obras científicas de la antigüedad, representan la única visión que de la cultura antigua tuvo Europa antes del Renacimiento". -A. Rubió Lluch. Informe sobre els estudis de llengua i literatura rabíniques- "Anuari de l'Institut d'Estudis Catalans" (1915-1920), página 51 del informe de 1916.
Felipe Aláiz: "Hacia una federación de autonomías ibéricas" (Francia, desde 1945)

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