Caladeros antes canario-saharauis, hoy marroquíes
18/11/2008
Antes de celebrar el de la Constitución toca rememorar otro treinta aniversario, que ayer se cumplió, el del ametrallamiento del pesquero lanzaroteño Cruz del Mar en aguas del banco pesquero canario-sahariano en el que perdieron la vida siete marineros. Fue el episodio más dramático, aunque no el único, que padecieron nuestros pescadores en aquellos convulsos años en los que faenar en las aguas en las que siempre lo habían hecho se tornó peligrosísimo, no por las embestidas del mar y la dureza de las condiciones laborales sino porque el lugar se convirtió en zona de guerra, a cuenta del vergonzante abandono que España hizo de la que fuera una de sus provincias, el Sáhara Occidental, en lo que fue un clamoroso y sonrojante ejercicio de dejación de su responsabilidad como potencia colonial administradora.
La memoria no puede flaquear porque a día de hoy todavía no se sabe quiénes fueron los responsables directos de sus muertes y los tres únicos supervivientes, que todavía arrastran secuelas de aquella cruenta vivencia, aún no han recibido ayuda alguna del Estado, porque aquel ataque no le merece a la administración la calificación de atentado que debe incluirse en la Ley de Víctimas del Terrorismo. Tampoco hay monumento para estas humildes víctimas, hijos de un pueblo que vio, embargado por la incertidumbre y la orfandad, como por razones de alta política o de Estado, nada claras, se le hurtaba un caladero que siempre fue suyo, no sólo por razones de vecindad e históricas sino, también, porque fueron canarios quienes lo descubrieron.
Treinta años después de aquel ametrallamiento, el conflicto del Sáhara siguen irresoluto, su territorio y sus aguas continúan en litigio y el sin fin de resoluciones de las Naciones Unidas, que instan a la celebración de un referéndum de autodeterminación, son papel mojado ante la negativa de Marruecos a acatarlas.
Hace treinta años siete paisanos, tenían que ser siete, fueron asesinados sobre la cubierta del Cruz del Mar sólo porque buscaban su sustento allí donde ellos y sus antepasados lo habían hecho desde tiempos inmemoriales.
Hoy ya no hay pescadores nuestros en el caladero al que le han quitado hasta el nombre como se le conocía en todo el mundo, canario-sahariano. Se sabía, desde que en 1975 España abandonó el Sáhara y en 1976 firmó su primer acuerdo pesquero con Marruecos, que a estas Islas se le cercenaba una de sus fuentes de riqueza.
La historia da y quita razones. Ahí está el implacable paso del tiempo. Nuestras pesquerías han desaparecido, la industria pesquera dejó de existir y la flota es testimonial.
Por los que murieron faenando, por los que fueron asesinados por faenar hay que mantener viva la memoria para reclamar el reconocimiento para ellos y para saber que nuestra realidad isleña es muy sensible a los avatares que acontecen en su área y que esta, aunque, casi siempre, queramos mirar para otro lado, sigue siendo convulsa.
Hablando de memoria, tras el hallazgo ayer, en el pozo del Llano de las Brujas, en Arucas, de los restos de once personas asesinadas en la Guerra Civil, ¿hay o no que abrir las fosas?
Vicente Llorca, Las Palmas de Gran Canaria

Zoroastro dijo
Una tragedia horrible... Ahora (esta mañana de nuevo) se repite como siempre desde hace pocos años el que unos 'desheredados' tienen que morir por la inoperancia de los gobiernos... Triste patetísmo el no querer dar soluciones...
17 Febrero 2009 | 03:04 PM