La Reina Consorte de España, Sofía de Grecia, es hija de Pablo I de Grecia (reinó desde 1947 hasta 1964, año de su muerte), y hermana del ex rey Constantino II de Grecia (reinó desde 1964 hasta ser depuesto en 1973 por una Junta militar, con ratificación posterior del pueblo griego, mediante referendo, un año después). Antes de contraer matrimonio con el príncipe Juan Carlos ostentaba el título de princesa de Grecia y Dinamarca.

Debería llamarse Sofía de Gluecksburg-Sonderbug, en lugar de Sofía de Grecia. Y su hijo, futurable rey, Felipe (VI) de Borbón y Gluecksburg-Sonderbug, y no Felipe de Borbón y Grecia. No por mero afán correctivo, sino por respeto hacia un país amigo como es la República de Grecia. ¿Por qué? Lean a continuación la siguiente información, extraída del apartado "El tratamiento de las Casas Reales en el exilio y la diplomacia" de la web protocolo.org.

Este incidente sigue a las repetidas suspicacias de las autoridades griegas con relación al tratamiento y privilegios de Estado de que sigue disfrutando en sus visitas y estancias a España el ex rey Constantino de Grecia, a quien las autoridades de aquella república no permiten el uso de tal apelativo, advirtiéndole, para extenderle pasaporte de ciudadano griego que debe utilizar su apellido personal.

Este hecho tiene mayor importancia de lo que parece y trasciende a los propios problemas personales del depuesto monarca griego con el gobierno de su país. El uso del apelativo "de Grecia" por parte de la familia del ex Rey se extiende obviamente a todos sus miembros, como reconocen los más autorizados especialistas y alcanza a S.M. la Reina Sofía y a su Alteza Real el Príncipe de Asturias. En este sentido, las autoridades griegas, que siempre han tratado con especial deferencia y consideración a Doña Sofía, han advertido que el tratamiento que se le dispensa en su visita a Grecia corresponde a la esposa del jefe de Estado de un país amigo, pero en modo alguno -lo mismo que ocurre con el ex rey Constantino- porque el Estado griego le reconozca, en el fuero personal, privilegio alguno fuera del que otorgaría, como ciudadana de origen griego, a cualquier otro ciudadano de este país.

Parece claro que conviene diferenciar entre las relaciones privadas y particulares de las Casas Reales -reinantes o depuestas- entre sí, en el ámbito doméstico, en que unos y otros se tratan y se llaman entre sí "primos" (costumbre que extendió la reina Victoria de Inglaterra) y el hecho de que esas relaciones puedan trascender al ámbito público. El embajador Chavarri de Rivero recuerda, en este sentido, que el Estado español es riguroso -y lo ha sido siempre- por lo que se refiere a aplicar la llamada "Doctrina Estada", en cuando al reconocimiento de estados, no de regímenes, y en este sentido, se aplica el respeto más absoluto a la soberanía nacional de todos los pueblos. Dicho de otro modo, que si Constantino de Grecia y Simeón de Bulgaria no son reyes en sus países de origen, aquí no se les pueden otorgar, honores, tratamiento ni privilegios como si lo fueran.

Pero el matiz radica en que no se hace en un acto de Estado propiamente, sino en un acontecimiento privado, aunque público y trascendente, de carácter familiar, pese a que se hayan invitado a numerosas representaciones oficiales y sean los contribuyentes quienes, a través del aparato y los medios del Estado, dispuestos a tal fin, sean quienes sufragan el costo de la boda.

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Caso bien distinto es el del ex rey Constantino de Grecia. La monarquía fue abolida en este país, mediante referéndum, en 1974, tras una dictadura militar que duró siete años. Al ex jefe de Estado, de 64 años, arrastra su colaboración con la dictadura de los coroneles durante sus primeros nueve meses, antes de exiliarse, con 24 años, en Londres. Estuvo largos años sin poder pisar su país, y el gobierno socialista de Andreas Papandreou se negó a renovarle el pasaporte. Además, ganó el pleito contra su pueblo, en reclamación de los bienes personales de su familia, incautados por el Estado.

El gobierno y el pueblo griego han sido, caso corteses, pero fríos, e indiferentes con la reciente visita a Grecia de la Reina Sofía, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Atenas, acompañada de su hermana soltera Irene. La prensa griega informó de su presencia, pero sin comentarios críticos ni favorables. ''Eleftherotypia'', uno de los periódicos más importantes, se burló en cambio de la negativa de Constantino a ponerse un apellido, requisito inevitable para recibir un pasaporte griego. El ex rey había sido invitado como miembro honorario del COI de acuerdo con el protocolo de la presidencia, explicó a los periodistas un portavoz del mismo.

"Llega la hermana de Constantino", escribió el periódico citado, "Eleftherotypia". El rey destronado obtuvo hace un año un pasaporte danés, la nacionalidad de su esposa. Ha venido reclamando un pasaporte griego. ''Soy griego'', insiste, pero cuando se le pide que inscriba su nombre afirma: ''Soy Constantino de Grecia y eso es todo''. Nunca obtuvo el pasaporte griego, aunque en su documento danés figura como ''Constantino Degrezia'', una forma de salirse con la suya. Su apellido real es Gluecksburg-Sonderburg, de la casa Schleswig-Holstein. El empeño del ex rey provoca la ira de las autoridades de su país y contribuye a su impopularidad. Lo llaman despectivamente el señor "Gluecksburg", recordando que encarna el recuerdo de una dinastía extraña, impuesta a Grecia en el pasado por las potencias extranjeras.

En función del respeto que el Estado español debe a la soberanía del pueblo griego, éste es -como ha hecho Simeón de Sajonia Coburgo- el apellido que, con la misma naturalidad que Borbón, deberían asumir la reina y el propio Príncipe de Asturias. "Si se insiste en seguir usando el apelativo "de Grecia", antes o después habrá problemas con la república helena", entiende la diplomacia española. El argumento es incontestable: Si el gobierno griego no reconoce ni permite al ex rey Constantino que se denomine "de Grecia" es evidente que esta prohibición se extiende al resto de los miembros de su familia (hermanas, hijos, nietos, sobrinos) y alcance, por tanto al propio Príncipe de Asturias. Sería incongruente que el Gobierno griego no permitiera usar el apelativo "de Grecia" a Constantino e ignorara que lo usen otros de sus familiares. Aunque este aspecto nunca se ha abordado en España, antes o después, si el Príncipe de Asturias llega a ceñir algún día la corona, esta cuestión tendrá que ser abordada por respeto a la soberanía del pueblo griego. Cierto que el que uno se llame a sí mismo de uno u otro modo poco importa, salvo cuando se hace pública y oficialmente, ejerciendo un derecho que las autoridades soberanas de un país han denegado, y con el que España mantiene cordiales relaciones como miembros de la Unión Europea.

Por otro lado, no es la primera vez que la presencia de Constantino crea graves problemas al país anfitrión y a Grecia en unos juegos olímpicos. En los de Atlanta se produjo otro grave incidente diplomático. Ocurrió en la localidad de Savannah Bay al pie del podio de la plancha de vela, cuando el locutor anunció que la medalla de oro sería entregada al vencedor, el griego Kaklamanakis por un compatriota, "Su Majestad el rey Constantino de Grecia". Los sentimientos republicanos y el sentido de la jerarquía provocaron la ira de los dos miembros griegos del Comité Olímpico Internacional. La falta de tacto del COI, entonces presidido por el español José Antonio Samarach fue evidente.

En los recientes juegos de Atenas no se publicó fotografía alguna de Constantino en la prensa griega. Desde que la República Helénica abolió por plebiscito los privilegios regios, el heredero destronado no sólo se ha convertido en el señor Glücksburg, ciudadano danés, sino que es, además, Kokós. Algo así como Constantinillo, apodo con el que el pueblo griego demuestra su escaso cariño por el hermano de la Reina Sofía. El ex rey intentó en 1993 hacerse popular y promover la causa monárquica, recorriendo el país, como si de un monarca en ejercicio se tratase. Su injerencia en los asuntos políticos fue tan grave que el presidente del gobierno conservador de entonces, Constantin Mitsotakis, tuvo que llamarle públicamente la atención e interrumpir la espectacular tournée regia.

El pueblo interpretó aquella gira como un desprecio a la decisión popular que había extirpado a través de las urnas la corona de su vida política. El ejemplo del ex rey Simeón Y mientras el ex rey Constantino se empeña en no aceptar el estatus de ciudadano de su país y a inscribirse en el Registro Civil con su apellido familiar, el ex rey Simeón de Bulgaria es un ejemplo de pragmatismo y sentido común. Ya no se llama Simeón de Bulgaria. Ahora su nombre completo es Simeon Borisov Sakskoburggotski, como transliteración latinizada de la forma búlgara; en la forma castellana, Simeón Borisov Sajonia-Coburgo y Gotha.