El hombre ante la muerte
SALVADOR PÁNIKER: "Aproximación al Origen", Barcelona 1982
Páginas 41 a 42
El trauma de la separación
La ambivalencia está ahí. Crece la sofisticación pero crece también el riesgo, la aventura (y la angustia) de vivir. Ante todo, el escándalo de la muerte. La muerte es escandalosa en la medida en que el individuo se convierte en un "todo". Es el trauma del ego, que posiblemente surgió hace cosa de cien mil años, y que debió ser neutralizado con las primeras religiones y los primeros sistemas de parentesco. Es la ansiedad que genera la cultura, pero que también procede de ella - pues la cultura institucionaliza la separación ego/mundo -. El psicoanalista austríaco Otto Rank se refirió a la "ansiedad de la separación", relacionada con el trauma del nacimiento y la expulsión del Paraíso Intrauterino. Análogamente podríamos hablar de la ansiedad del ego, relacionada con el trauma de la hominización y la expulsión del Paraíso Animal. A partir de ahí la cultura va sofisticando la ambivalencia de la ansiedad, el temor y el deseo, la protesta y la seguridad. De ello dan prueba los documentos más antiguos de la historia humana: los grandes textos de las religiones mesopotámicas, los diversos relatos donde se describe el fracaso del hombre para abolir la muerte. La famosa Epopeya de Guilgamesh es el relato primitivo más completo que relata el forcejeo del hombre con el misterio de su condición finita, el fracaso de las virtudes precisamente "heroicas" para alcanzar la inmortalidad (1). Otro célebre texto, el Diálogo sobre la miseria humana (el llamado "Eclesiastés babilónico"), pone el énfasis en la falta de relación entre el comportamiento virtuoso y el destino personal. Una gran crisis de nihilismo y desesperación debió atravesar la cultura de Mesopotamia, y también las de Egipto, Israel, India, Irán, Grecia, ya a partir del segundo milenio antes de Cristo.
(1) En la mitología griega, los héroes son seres intermediarios entre los hombres y los dioses. Son "inmortales" en la medida en que, después de muertos, continúan una existencia ideal en la memoria colectiva del pueblo. También los daimones son héroes ambivalentes, que lo mismo pueden ejercer una influencia benéfica que funesta. Con el tiempo, esta ambivalencia se perderá y los daimones se convertirán en meros diablos.
Páginas 87 a 88
Podría resultar aleccionador, en este contexto, pasar revista a la actitud del hombre occidental ante la muerte desde la aparición del cristianismo. Explica Philippe Ariès que esta actitud ha tenido varias fases:
- La muerte domesticada. El muerto sabe que va a morir y toma sus disposiciones. No hay nada dramático, todo está ritualizado. El que va a morir conoce el protocolo y la muerte es casi un acto público. Se muere en la cama, rodeado de familia y amistades.
- La muerte individualizada. A partir del siglo XII comienza a cobrarse conciencia del carácter individual de la muerte. Precisamente porque comienza a amarse la vida, la muerte comienza a producir horror. Se vuelve a la individualización de las sepulturas, costumbre que había sido abandonada durante siglos.
- La muerte romántica. A partir del siglo XVIII se produce en la zona imaginaria y fantasmática del hombre un nuevo cambio. La muerte cobra un tono erótico. Los temas ya románticos del amor-y-la-muerte generan un discurso nuevo. La muerte del otro se siente como una ruptura. Hay casi un culto histérico a la muerte.
- La muerte censurada. Es la actitud de nuestro tiempo. Es el tema de la célebre novela de Evelyn Waugh, Los seres queridos. Es la muerte como tabú. Prohibido mencionar la muerte. La muerte, como la defecación, es un tema obsceno. Se muere asépticamente en los hospitales. Nada debe enturbiar el diseño de banal felicidad basado en el consumo y en la permisividad. Permisividad que alcanza al sexo, pero que, en contrapartida, reprime severamente a la muerte. Antaño los niños apenas sabían nada de lo sexual, pero estaban presentes en la alcoba del abuelo cuando éste moría. Hoy se les explica a los niños la fisiología y la función del sexo, pero se les oculta el misterio de la muerte. La muerte ha reemplazado al sexo como tabú fundamental del siglo XX.
